Hablemos de Andalucía

“Ser el hombre más rico del cementerio no me interesa… Lo que me importa es irme a la cama cada noche sabiendo que hemos hecho algo maravilloso”

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Vamos a ver cómo me sale esto. Porque no tiene que ver nada con lo que suelo escribir. Y porque es tocar a Andalucía y los perros te ladran con el miedo. Pero después de muchas horas de trabajo, de unas charlas, y una copa de DIC 8 años un jueves previo a mi nueva partida a Sevilla, hoy por fin me he decidido a soltar lo que llevo dentro. Y lo cierto y verdad es que llevo ya un tiempo barruntado este asunto.
El asunto que llevo amasando un tiempo es sobre mi tierra. Sobre Andalucía. Soy sevillano, y os juro que quiero a mi tierra como el primero. Pero me pregunto muchos días qué es exactamente lo que estamos haciendo por nuestra tierra.
Hace no mucho me hicieron una muy buena oferta laboral. Más de 30.000 euros netos anuales, incentivos y alguna que otra prima por objetivos. Entrevista directa con unos de sus directivos. Multinacional. Y primera o segunda de sector en cuanto a facturación. Pero no la iba a aceptar -y no la acepte- porque no tocaba aquello de lo que mañana quiero vivir por mis medios. No era lo mío.  La oferta por supuesto no era para trabajar en Sevilla; era muchísimo muchísimo más lejos -nótese la ironía- era en Madrid. El caso es que se la ofrecí a otra persona. A otra persona que por su situación, y en aquel momento, yo le profesaba mucho cariño, o quizás cierta  demasiada compasión con respecto a su situación laboral que, con todos mis respetos, rozaba y roza lo deleznable, patético e irrisorio. Y por otro lado, lo común en mi tierra: de nuevo, Andalucía.
Su respuesta fue: “si no es en Sevilla, no va a poder ser”. Fin de la cita. Creo que hubo un gracias, pero no lo recuerdo demasiado bien. Creo. Total, que fin de la cita, y por tu cabeza lo que pasa es: “pues tienes lo que te mereces; y no te da la gana partirte el lomo. A que te mantengan, que es lo que parece que te va”.Fin de la cita.
Y todo esto, me volvió a recordar a todo aquello que desde hace tiempo vengo pensando, y que no es broma, me quita a veces el sueño: ¿qué coño estamos haciendo por nuestra tierra?¿realmente tienen la culpa al cien por cien de la situación que vivimos los españoles y, en concreto, los andaluces? ¿estamos dispuestos a hacer algo más allá por nuestra tierra?
De hecho, hoy en Facebook he publicado algo al respecto que decía asi:

Hablemos de Andalucía:

A los andaluces se nos llena la boca con nuestra tierra. Máxime los sevillanos. Pero cuántos de nosotros hacemos algo más por nuestra tierra. Algo más que lo de siempre. Algo más de esas cosas que otros de fuera nos echan en cara y que en parte llevan razón. Unos nos hemos ido, otros siguen aguantando, y otros se niegan a moverse. Da igual.

Pero deberíamos empezar a preguntarnos qué podemos hacer por nuestra tierra. Yo de momento lo mejor que he hecho ha sido irme; lo mejor para poder volver. Volver para levantar lo que sea y empezar a hacer algo por nuestra tierra que no sea dejarme el poco dinero que tengo en la misma sociedad rancia donde mientras se nos llena la boca de lo grandes que somos, y seguimos aguantando las mismas empresas explotadoras de siempre, las mismas mierdas de siempre, y el mismo ambiente empobrecido de siempre, el paro no deja de crecer, las oportunidades desaparecen y la semana santa y la feria siguen siendo nuestro refugio.

Es el momento de irse o de quedarse. De quedarse para echarle huevos y desarrollar ideas , proyectos, empresas, despachos y negocio; o de irse para empaparse, y volver al poco no para jubilarse y tomar torrijas y cervezas, sino para emprender, cultivar semillas y aportar ese granito de arena para que de una vez por todas esa fantástica tierra que se llama Andalucía de un vuelco y empiece a prosperar.

Y una vez publicado esto, he seguido dándole vueltas al tema. No se trata de quedarse o irse de Andalucía. No se trata de eso. No se trata de cuánto me va a dar mi tierra. Creo que se trata de ¿cuánto estoy dispuesto a darle a mi tierra?. No creo que tengamos que ser una sociedad en la que todos sean empresarios; ni todos trabajadores, por supuesto. Pero desde luego lo que no puede ser es que nos creamos en el derecho de defender nuestra tierra a capa y espada sin tener los argumentos necesarios para decir que somos un pueblo que lucha.
Las elecciones están a la vuelta de la esquina; y mucha gente votará a Podemos, a PP, o a PSOE o a lo que le salga de las narices. Y está bien. Pero ¿realmente con eso estamos solucionando algo?. Después de 30 años de democracia, las cosas siguen igual para nuestra tierra. Y nos ofendemos si nos dicen ciertas cosas, pero carajo, ¿es que acaso algunas veces no llevan razón?. ¿Acaso creemos que toda la culpa de la situación que existe en Andalucía o España es culpa solo y exclusivamente de los políticos?. Pues yo creo que no.
Yo creo que ya ha llegado el momento de que en nuestra tierra las cosas empiecen a cambiar. Que cuando un joven coja las maletas, u otro joven decida quedarse en casa, no lo haga ni el primero con la intención de no volver, ni el segundo de quedarse con la intención de sobrevivir. Ya está bien de decir que nosotros con una cervecita al sol estamos a gusto. Ya está bien de que Sevilla -por ejemplo- sea reconocida sólo por su Semana Santa o su Feria; yo también quiero que en mi cuidad dos frikis – y entiendase por favor el tono cariñoso- se junten y levanten esa pequeña empresa de eso que les apasiona. Yo también quiero que se hable en mi tierra no de señoritos y obreros, sino de trabajadores y empresarios. De trabajadores bien pagados y de empresarios que se dejan el cuello por sacar sus empresas adelante.
Yo no quiero más fincas sin cultivar, ni más jornaleros viviendo del PER. Yo no hablo de montar multinacionales. Ni de que seamos todos magnates. Yo hablo de querer de verdad a nuestra tierra. De hacer algo más por ella que vestirnos de traje para ir a tomar fino a la feria. Hablo de crecer. Hablo de cumplir nuestros sueños. De sueldos dignos, de proyectos inacabables, de cervezas y fiestas como siempre las hemos tenido. De seguir llorando viendo pasar una procesión y de pelos de punta con el olor a incienso. No hablo de perder las costumbres, las raíces y la cultura. Pero hablo de avanzar, de complementar, de unir ideas, de no achicarnos frente a Madrid y Barcelona. De seguir siendo quienes somos pero dando ciertos giros. Hablo de prosperar carajo. De prosperar por nosotros mismos sin que PP, PSOE o el Sursum corda nos haga creer que son el problema o la solución. Hablo de renovación joder. Hablo de ser más. De ser mejores. De crecer. Hablo de cumplir nuestros sueños y no los de nadie más.
De verdad amo a mi tierra, y por h o por b me he tenido que ir. Me he ido para volver. Y sé que voy a volver. Y no va a ser para jubilarme, creedme. No os puedo decir cuándo, pero os puedo decir que si no lo intento, si no intento volver, y no intento sacar de las aulas de las facultades de mi tierra a chavales con curriculums impresionantes para que trabajen conmigo sin tener que irse a Londres a fregar platos  y luchen conmigo para que materialicemos ideas, proyectos, y creemos economía en mi tierra,  no volveré a decir en mi puta vida que quiero a mi tierra. Puede que fracase, y puede que me estampe, pero si no lo intentó, os juro que no me veré más capacitado para decir que quiero a mi tierra, que un alemán que se va a Marbella a pasar las vacaciones, ni un rancio que solo sabe ir a Viacrucis y tocar las palmas como un gilipollas.
Por eso, y de corazón lo digo, creed en vosotros, creed en vuestro olfato, creed en ese espíritu emprendedor que tenéis. No me importa que esteis en China, Bulgaria o Trebujena. Creed en vosotros. Reafirmaros en ese amor que le tenéis a vuestra tierra, y de verdad pensad que el amor tenemos que materializarlo. Tenemos que hacer algo por Andalucía, y o lo hacemos nosotros, o no lo va a hacer ni Dios.

Enrique Vélez Dorado

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De Pititos y Pititas de Sevilla

Vaya por delante que en Triana nací, que me gustan una media verónica, el olor del incienso y de una vela quemá. Una Cruzcampo bien tirá, un albero en los zapatos, una chaqueta bien planchá.Un Ramón Bilbao bien servío y un San Benito bien mecío. Un nudo bien ajustao, una morena del Aljarafe, y un tío bien trajeao.

Y vaya por detrás, una enfermedad que hay en mi ciudad: ES LA RANCIEDAD

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Pintamonas archienchaquetados con americanas de la boutique rancia y en liquidación de la calle Rioja; mozos con apellidos grandilocuentes rozando la treintena sin arte ni oficio ni benificio que al son de las palmas y una caja mal tocada pregonan soplapolleces por sus bocas babeantes de alcohol barato servido en el antro más pijo de la capital donde la copa ronda el precio de un paquete malo de tabaco.

Princesitas con pinta de Pititas con la cartera llena de tickets de devolución del Zara y alguna que otra tarjeta de algún “abogado” borrachuzo al que le sacó la decimoquinta copa invitada de la noche, para acabar montándoselo en aquel coche cutre, antiguo y de tercera mano con los bajos llenos de mierda de la última estancia en aquella casa del Rocío por la que el cobrador del Frac aun le persigue vestido de conejito por los Remedios.

Soplagaitas que miran por encima del hombro a quien no lleva dos borlones en los pies sin saber que calzas unos Lottusse y vistes una Lugano sin marca alguna que lo indique y que en su vida sabrá lo que son.

Pititos y pititas, tiesas y tiesos. rancios y rancias, lagartos y lagartas, buscones y busconas, que creen que todo torna respecto de su pintas, y sus andares por la Feria con la misma copita de manzanilla desde las 4 a las 9 cuando se pasan al plato de tortilla con 20 tenedores.

Vuestra cara de prepotencia es igual de ridícula que la cara que ponéis cuando os catamos desde la ventanilla de un taxi con vuestros tirantes y vuestras muñequitas follonas con moreno de azotea mientras esperáis en la parada del C1 para ir a la feria.

“Irse” al carajo, tiesos, y VIVA SEVILLA.

Fdo. Un sevillano.

Rayadas de un domingo cualquiera

La primer historia es sobre conectar los puntos. (Rayadas de un domingo)

Dijo Steve Jobs que “los puntos se conectan hacia atrás”. Desde que mi vida cambió hace unos años, y a base de decepciones, y logros, empecé a cambiar mi forma de ver la vida. Sí, ya lo sé, no llego al cuarto de siglo, pero de verdad que ya empiezas a cambiar tu forma de ver la vida. Empiezas a pensar qué puntos estás marcando. Si se conectarán al final o no.

Era -creía- un tío seguro, muy seguro de lo que hacía. Todo tenía sentido, y era por algo. Acción reacción. Lo quiero, lo busco, lo encuentro, lo tengo. Sin embargo, conforme avanzas , ya no todo lo ves tan seguro, y sin embargo lo haces. ¿Por qué?, no sé, se le llamará intuición, pero lo hacemos. Tiramos de frente, y allá vamos. Buscamos un trabajo, sabiendo que no será el que más nos guste, buscamos nuevos amigos, sabiendo que ya nunca serán como los de siempre, y los más valientes, salen ahí a buscar su “media naranja”, sabiendo la de zorros y zorras sueltas que hay por ahí. Algunos encuentran, hallan, ven, comparan, compran y se lo quedan o lo devuelven. Algunos hasta habiéndose puesto las bragas, o los calzoncillos. Que cerdos, encima que se los prueban, los devuelven y quieren que les devuelvan el dinero. Serán tiesos. Pero da igual, el caso es que empezamos a hacer cosas. Algunas sin sentido ninguno aparente.

Muchas de ellas a las que no les vemos la punta, ni les vemos el final. Pero las hacemos. Yo que sé, será que algo nos dice que hay que hacerlas. Algunos intentan hacerlas lo mejor que saben, otros directamente lo hacen lo mejor que pueden, y otros lo hacen sin cabeza alguna (entro en este trabajo, me cambio, me tiro a este, mi tiro a aquella, me lío con este, me como la boca con aquella, me compro un perro, luego un gato, y hasta un agapornis por si me siento solo. Te quiero te odio, te compro un loro). Aquí cada loco con su tema y si te he visto no me acuerdo. Puta vida tete.

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Y lo que no nos enteramos es que ya vamos teniendo una edad en la que nuestros actos empiezan a tener consecuencias. En nosotros, y en los demás. Y que vamos empezando a dejar “puntos”, un punto aquí, dos aquí, cuatro allí. Esos puntos, son como una especie de gincana: vistos así sueltos no tienen sentido ninguno,son inofensivos; pero como los unas, te llevan a un sitio. Ojo. Ojo porque a ver qué clase de puntos vamos marcando, porque si algo estoy viendo en mi y en mucha gente, es que los puntos empiezan a unirse, y el camino que está surgiendo en algunos casos parece bueno, pero en otros el camino da miedo. Auténtico miedo.

Soy el primero que aboga por la locura, por correr hacia cualquier sitio menos estarse quieto. A soñar, a probar, a errar, confundirse, reinventarse. Pero esta sociedad en la que estamos viviendo, se olvida de la segunda parte de la ecuación: sé loco, sí, pero ándate con ojo. Y eso no nos lo dicen: ándate con ojo. Ándate con ojo porque por cada locura que te marques, vas a dejar un punto. Sé loco, hazme ese favor, pero sé cuerdo. Y si entiendes esta antítesis, ya te has marcado un punto. Y creo que uno bueno.

Creo que ahí está el secreto.Porque parece que vivimos en una sociedad donde todo da igual, donde la vida gira entorno a nosotros: compra, consume, pasa página, prueba, cambia, etc. Y digo yo que a ver si de tanto cambiar, vamos a dejar tantos puntos, que no vamos a saber ni qué coño queremos. Pensadlo, no es tanta locura la que digo: cuántos pondríais hoy en día la mano en el fuego por vuestro jefe, por vuestro empleado, por vuestra pareja, por las parejas de vuestras parejas, por las parejas que conocéis, por vosotros mismos. Cuántos. Cuántas páginas de empleo existe, de contactos, de mierdas. Que si Happn, edarling (para solteros exigentes), facebook, tubler (o como se diga). Cuántas clases de condones existen, cuantas parejas hemos tenido, con cuaántos hemos intercambiado las babas, con cuántos coches nos vamos a conformar, con cuanto coño vamos a conformarnos.

No nos estamos dando cuenta que cada vez estamos más solos, que cada vez somos menos fieles a todo, que cada vez hay más canales en la tele, y cada vez nos conformamos con menos. No nos damos cuenta de que se nos ha ido la cabeza. No nos damos cuenta, de que en la vida no se trata de marcar muchos puntos, sino de marcar los que hay que marcar, los justos, los precisos. Y entender de una vez que los puntos bien dados se conectan al final y hacia atrás, Y de que lo hagan o no, dependerá de que tenga, o no tenga sentido nuestra vida. En fin, rayadas de un domingo cualquiera.

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La clave

“- ¿No creías que te dejaría venir conmigo?
- No.
- Buen instinto. No iba a hacerlo. Pero después he pensado que sería un poco cruel no dejar que seas testigo de mi grandeza.” Suits

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La clave está en saber que que la vida a veces te sube alto. Te alza, te eleva. Te coloca ahí arriba. Y cuando menos te lo esperas, sin saber cómo ni por qué, te sopla el viento, te desequilibra y te caes. Y si eres un tío con reflejos, con algo de experiencia, justo cuando te caes, te quedas agarrado en el bordillo de la cornisa. Y ahí es cuando por la cabeza empieza a pasar todo. Miras unos centímetros arriba y compruebas dónde estabas. Miras para abajo, y sin saber todavía si te desplomarás, ves de dónde vienes.

Y subiste tan rápido que ni siquiera recuerdas como llegaste ahí arriba. Ni recuerdas el camino. Ni las piedras que hubo, ni las ostias que te dieron. No te acuerdas. Pero estando ahí colgado, rozando la cumbre, recuerdas que estuviste ahí por algo, y que por algo ahora te vas a agarrar bien fuerte de ese bordillo del que pendes, vas a apretar los dientes, te van a salir las lágrimas y vas a tirar para arriba por tus cojones. Porque tú sabes cuál es tu sitio. Y tu sitio esta ahí arriba. Por tus santos cojones. 

La clave está en pensar que nadie es exactamente como tú. Que la gente no es ni peor ni mejor. Sino más/menos rara. Que la vida son vasos comunicantes pero que eso del equilibrio es un chiste. Que el concepto de lealtad es disperso para algunos y que las expectativas están sobre valoradas.

La clave está en aceptar que esto es así: en saber que nada es lo que parece, ni nadie es como se pinta. Que el que lo parece lo es, y que el que no, puede serlo. La clave está en aprender a ser feliz sin tener en cuenta los actos ajenos. La clave está en saber elegir, en saber fallar, en saber reinventarse. La clave al fin y al cabo está en ti. Sólo en ti.

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Luchan como si fueran a vivir siempre, y viven como si fueran a morir mañana

“No voy a cambiar la forma de pensar y de sentir sólo para conformarme. Siempre fui un loco y un fanático. Así que seré un loco fanático toda mi vida, y tengo que vivir con eso, ya sabes: soy una de esas personas “

¿Nadie se ha parado a pensar cuánto dura la intensidad? Yo al menos nunca lo había pensado. Pero sé que poco.

Hay muchas formas de intensidad en esta vida: están las luces intensas, las sombras intensas, las personas intensas, los intensos, y las vidas intensas. Y nunca me había parado a descifrar, o analizar los factores en común de las personas con vidas intensas. Y alguna que otra vida intensa conozco. Y me molan esas vidas. Aunque soy muy consciente de sus riesgos, que no son pocos.

Las vidas intensas son la antítesis a la rutina. Las vidas intensas no tienen por qué no atarse a algo, o a alguien (mejor dicho), pero normalmente no lo hacen. No saben. Creo que no quieren aprender. Y eso, aunque los demás no lo saben, es un coste para quien vive intensamente. Sus vidas son pura contradicción. No suelen mirar para atrás si no es para coger impulso. Pero alguna vez que otra miran, y cuando miran, por mucho que la hayan cagado, siempre sacan una lectura positiva. Las vidas intensas no se arrepienten de nada. De nada. Conozco pocas personas así que se arrepientan de algo. Incluso no se arrepienten de perder lo que creían la felicidad. Es raro, pero no lo hacen. No me preguntéis por qué, pero la gente con esa clase de vida tiene una capacidad asombrosa para surgir de sus cenizas. No sé cómo.  Quizás sólo se crean dueños de ellos mismos. Y ni eso. La tranquilidad no es su fuerte, y la ambición su arma de seducción.

Las vidas intensas no entienden de contratos a largo plazo. Prefieren la revisión anual y una buena clausula de rescisión. Ninguno de ellos te dirá el tiempo que dura de la intensidad, pero te dirán que no suele ser mucho. Y que mientras dura, siempre es bestial. Porque para ellos la intensidad es sinónimo del placer, y antítesis de la estabilidad. Y aunque creen buscarla, si se topan con ella de bruces, la esquivan.

Las vidas intensas no tienen demasiados matices, pero la paleta con la que pintan su vida es de colores. De muchos. Y sin tonalidades: los rojos son rojos, y los azueles son azules. El gris es el color de los cobardes. O eso dicen ellos. Quizás porque les de miedo instalarse en el relativismo. En lo bueno de la vida. Y lo saben. Y lo aceptan. Es el coste del juego. Y no te lo negarán, porque ellos nunca apuestan a parejas o caballos en un casino, les gusta más el rojo o negro. El par o impar. El todo o nada. Jugársela a la carta más alta. Y eso, aunque les pese, es lo que más les pone.

Por eso nunca le preguntes a una persona que vive la vida intensamente cuánto les dura la intensidad, porque cuando lo hagas se habrá acostumbrado, se dará cuenta y volará. Volará habiendo amado intensamente, habiendo hecho el amor intensamente, y guardándote en su corazón intensamente. Y siempre es así, no hay manera. Porque al fin y al cabo habrá vivido a su manera, aceptando que esa es su debilidad. Su forma de ser. Su droga. Su adicción. Y aunque creas lo contrario, no se arrepentirán, porque ellos saben que sólo se crece frente a la adversidad, porque saben que su éxito está conectado directamente con la acción; y aunque comenten mil errores y dejan y tienen mil cicatrices, nunca se dan por vencidos; porque ellos luchan como si fueran a vivir siempre, y viven como si fueran a morir mañana.

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Sé diferente: vive

En asuntos del amor, los locos son los que tienen más experiencia. De amor no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman cuerdamente, que es como no haber amado nunca

Estola en el culo de la copa; luz amarilla que le penetra; que la atraviesa dejando un color bermellón sobre el cenicero negro del que aún humea un cigarrillo apagado. Cenicero que espera el siguiente para ser machacado. Como la vida. Unos cigarrillos que mueren, por otros que vendrán. Unos cigarrillos que tan cuidadosamente se encienden, se fuman y se tiran contra el suelo,  o contra un recipiente en el mejor de los casos. Y otros acaban incluso en el water. Pero ahí están… los jodidos cigarrillos. Esos que tanto cuesta dejar. Esos que una vez apagas uno, dices no volver a tocar. Esos que, si te gusta el vicio, sabes que vas volver a coger. Y ahí están. Como las lentejas, que si quieres los coges, y sino, las dejas. Comida de viejas.

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Qué malo es fumar…pero qué es eso que no hace daño en esta vida. ¿vivir en orden?¿vivir con todo controlado? ¿decir que no a todo? ¿decir que sí a todo? ¿cerrarnos a quien nos hace de verdad felices? ¿no abrirse a quien se abrió por nosotros? ¿Hacer lo adecuado? Por favor…vivimos donde vivimos, comemos lo que comemos, somos quienes somos, y la vida es la que es…qué carajo haces dejando de hacer lo que te gusta. Que carajo haces dejando ir a quien te ama. Qué carajo haces mandando tu vida a la mierda. Qué carajo es eso de hacer aquello que se supone que está bien. Pero qué coño es lo que está bien.

Cuánto has dejado de hacer porque se suponía que no era lo que había que hacer…cuántos estáis con vuestras parejas sin quererlas; cuantos engañáis a vuestras parejas anhelando lo que ya no tenéis, cuantos no tenéis los cojones de ser felices, cuantos colgáis un teléfono al marcar el número de esa persona que de verdad queréis, cuántos. Cuántos hacéis lo que las costumbres dicen. Cuántos vivís en lo de siempre. Cuántos. Cuántos no le habéis llamado por no parecer que ibais detrás. Cuántos no os habéis jugado hasta el pellejo por aquello que sabíais que era. Cuantos habéis dejado escapar a esa persona que con un “buenos días” te alegraba la semana. Cuántos volvéis a casa con todo en orden. Cuantos, de verdad, cuántos. Decidme cuántos porque yo sería un gilipollas más. Cuántas veces hemos dicho que íbamos a dejar de fumar.  Así que vamos a dejar ya de decir estupideces que no vamos a dejar de hacer. Vamos a dejar de decir lo que nunca haremos. Y si lo dices, hazlo, y si no, haz como yo: fuma bien a gusto. Coge esa cajetilla, desnúdala, acaríciala, saca uno, míralo, llévatelo a los labios, agarra una cerilla, prendelo, y fúmatelo joder. Y deja de martirizarte por cada cosa que se supone que está mal. Déjate de patrones, de normas y de historias. Deja de ponerle nombre a todo. Quiere y déjate querer. Y por favor, deja ya de fingir. Olvídate de los demás, de sus preguntas y consejos. Déjate querer. Sal ahí, descuelga ese teléfono y coge eso que te viene. Eso que te desestabiliza. Eso que te hace vibrar. Eso que te hace ser tú. Hazte un favor:  sé diferente y vive. Vive carajo, vive.

I’ve lost all self-control
Been living like a mole
Now going down, excavation
I and I in the sky
You make me feel like I can fly
So high, elevation

E.V

 https://www.facebook.com/primerotrosidigo

Primerotrosidigo en los Premios Liebster

Empezaré como se suele decir: por el principio.

Primerotrosidigo ha sido nombrado para la mención de Premios Liebster.

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Me despierto de la siesta -es viernes, me la merezco- y me encuentro con que han nominado al humilde blog que inicié hace 10 meses a unos premios. A los premios Liebster.

Y aquí entraré a parafrasear a mi nominador, no sin antes agradecerle de corazón esta oportunidad que le da al Blog, y sobretodo por hacerlo junto a otros blog que para mi es un orgullo que puedan estar a su altura. Ella es Paula Salmerón Portela, a quien no tengo todavía el gusto de conocer, y su blog es http://pausalme.blogs.elle.es. Gracias.

Y como venía diciendo empezaré parafranseándola para que se entienda de qué va esto:

“¿Te suenan los Premios Liebster? A mí tampoco..Cadena de favores, ¿te dice algo?

Descubrirás que son dos cosas totalmente diferentes, que se asemejan en algo verdaderamente simple.

Ambos son cadenas que van implicando cada vez a más y más personas, y van creciendo en numero y riqueza a medida que continúa su extensión. Terminan por constituir familias mundiales que han compartido algo que les ha hecho felices o, en el mejor de los casos, les ha cambiado la vida.

Esta humilde iniciativa da reconocimiento a todos aquellos pequeños espacios virtuales donde autor y lector conectan durante algunos minutos, el primero liberando su mente de pensamientos, y el segundo identificándose con ellos. Su útlimo fin es que, una vez más como en Cadena de Favores, estos blogs puedan llegar a todo el mundo y sigan creciendo”

Pues vamos allá.  Pasando a responder a las preguntas de la nominación, a ver qué puedo decir yo

1. ¿Por qué escribes?

Porque es gratis. Porque me lo pide el cuerpo. Porque es como el tabaco. Engancha. Porque sí. Porque es el mejor abrigo para cuando hace frío, y la copa que mejor sienta cuando soplan buenos vientos.

2. ¿Qué sientes al hacerlo?

Es raro. No podría describirlo. Pero intentad describir un orgasmo. Pues algo así.

3. ¿Qué efecto crees que tienen tus palabras en tus lectores?

“Ver última pregunta”. No hombre, no, es broma.  Pues imagino que de todo. Habrá quien se sienta identificado, otros que se sientan ofendidos, otros que se sientan animados, y bueno, por los mail que recibo, los comentarios y demás pues imagino que hay un gran numero de personas que les gusta lo que escribo porque me piden que siga porque incluso alguna gente me dice que les ayuda a saltar de la cama. Decía en mi página de presentación del blog que esperaba que no les gustase a todos, porque sería una muy mala señal. Y en eso estamos. En no caerle bien, ni gustarle a todos.

4. ¿De donde nace el título de tu Blog?

Bueno, soy abogado, y esta pregunta me encanta porque tengo una entrada en mi blog explicándo el porqué de “primerotrosidigo”. Es un fórmula que utilizamos los abogados y los procuradores para dirigirnos a los Jueces y los Tribunales en nuestros escritos. Es como decir…”y además de todo lo anterior, también digo…”, es la “apostilla”. Y de ahí viene el nombre del blog.

5. ¿Cuándo escribes?

Como me dijo la fan number one del blog, mi querida  Carmina : “Es que lo bueno de tu blog es que son flys que te dan, y eso no es raro, es guapísimo”.  Y es que de verdad que es así. Escribo cuando me viene. Cuando me de la picada. Así, de repente.

Aunque la verdad que cuando más me gusta es el sábado por la noche bien entrada la madrugada. Pero también he escrito a las 8 de la mañana, y a las 12 de la noche y a las 6 de la tarde.  He hecho publicaciones en media hora en el AVE, que han sido compartidas hasta 10.000 veces. Y otras en las que me he puesto “modo escritor”; hasta que me ha salido algo, y no he llegado a las 100. Pero en realidad eso tampoco es relevante, aunque sería de falso modesto decir que no me pone – y mucho- ver como algo que escribo circula por ahí de manera sorprendente. Pues sí. Me pone y me gusta. Aunque algún día lo dejaré, seguro.

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6. Cinco libros recomendados

Puf, leo poquísimo. Soy demasiado vago. Pero a ver que piense:

  • El Camino. De Miguel Delibes
  • A propósito de una Mujer. De Stephen Wendt
  • American Psycho. De Bret Easton Ellis
  • El arte de amar. De Erich Fromm
  • Manolito Gafotas. De Elvira Lindo (el mejor de todos los anteriores sin dudas)

7. Un libro que haya marcado tu vida

Ninguno. Bueno sí, Manual de Derecho Administrativo, de Luis Cosculluela. Pero ni se os ocurra leéroslo. De verdad.

8. ¿Qué te hizo crear el blog?  

La verdad verdadera es que lo hizo un compañero de piso/amigo que le encantaba ver la serie “Aída” y “la que se avecina”; dos series odiadas en lo más profundo de mi corazón. Era algo sobrehumano para mi. 23 años entonces, sevillano de origen, soltero de nuevo tras cinco años de matrimonio, sin más problemas que no quedarme dormido hasta la hora de comer para cuando mis padres llegaran de trabajar, con dos carreras sacadas estudiando 10 meses escasos en casi cinco años de carrera y con un máster para el que sí (por fin), me esforzaba en algo, y con muchas ganas de salir de casa zumbando, yo llegaba de novato a Madrid. Y aquí me planté. Ya no valían las gilipolleces.

Los días corrían desde las 7 de la mañana que me levantaba para ir a trabajar a media jornada al despacho para el que aun sigo trabajando. Entraba a las 9.00. Entre las 7 y las 9 de la mañana pululaba entre metros y cercanías. A las 2 salía, y si no engañaba a una amiga para comer por donde trabajaba (alguna vez hasta la convencí), directamente salía desde la Estación de Renfe en Aravaca a la de metro de Sainz de Baranda (Retiro) donde vivía (ahí, a tope full en un 6º que riéte si es que se jodía el ascensor) Ahí comía, como podía, y tiraba dirección Getafe, donde había empezado mi segundo máster (excusa genial para irse de casa). Ponedle otra hora de camino de ida, y otra de vuelta. De buen rollo.  A las 10 de la noche, si no me había quedado dormido y había ido al máster, llegaba a casa. Y creedme, lo último que quería hacer era ver Aida, o la que se avecina. Lo último. Máxime si el capitulo lo había visto repetido ya 45 veces en todas las emisoras habidas y por haber de Mediaset. No podía. Era superior a mi. Mi minaba la moral que diría “el Recio”. Pegadme un tiro por favor, me repetía cada mañana cuando me sonaba el despertador a las 7.00 am y me anudaba una corbata que cada día me asfixiaba más. Y así de septiembre del año pasado, hasta febrero de este, que ya empecé a planear algo

Total, que yo tenía que hacer algo. Algo más, me refiero. Algo que me sirviera para salir de esa rutina de siempre. Copas- resaca, estudiar, trabajar, copas-resaca, estudiar, y trabajar. Y siempre escribía en Facebook entradas, y cosas por el estilo. Aun recuerdo una que escribí sobre catalanes. Fue bastante divertido recibir incluso amenazas. Y alguna gente le daba a “me gusta”, y yo mas feliz que unas pascuas. Sin embargo, a mi se me quedaba corto. Pero ni de coña se me pasaba por la cabeza hacer un blog o algo así. Pero una persona, allá por el mes de agosto me había mandado un link con un blog diciendome esto “tienes que leer esto”, “es muy tú”. Esa frase de “es muy tú” si que acojona, porque dices tú…Dios mio a ver cómo se supone que “soy muy yo”. Pero resultó que el Blog, y lo primero que leí de ese blog decía así:

“Creo en la elegancia de Cary Grant. Creo en los detalles. Creo que hay que ir por la vida con los ojos bien abiertos. Creo que Scarlett Johansson está sobrevalorada. Creo que hay que ser muy hombre para olvidar a una mujer.  Creo que ahora los gin tonics los preparan decoradores de interiores. Creo que una camisa blanca es lo más elegante que puede llevar un hombre. Creo en las mujeres que derrochan simpatía. Creo en las letras de Sabina. Creo en el crujir de los hielos cuando te sirves una copa” 

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Me lo sé de memoria. Era brutal y sí, era “muy yo”. .

Y pasó el tiempo, septiembre, octubre, noviembre, diciembre, y enero. Y en enero, y gracias a mi compañero de piso fanático de Aida, y de esa persona que me recomendó leer ese blog, y que más adelante empezó a darme la matraca con que montara un blog: nació http://www.primerotrosidigo.com. Todo eso, después de tirarme al rededor de 15 días aprendiendo entre las 11 y las 2 de la mañana cómo se montaba una pagina web, un blog o algo así. Ojito. Pero lo conseguí montar. Y el 7 de febrero lancé mi primer post dedicado a mi tierra, a Andalucía: El relío andaluz; 18.122 personas compartieron por las redes mi primer escrito público. Alucinante.

Hoy, el blog tiene 126 seguidores suscritos directamente. 290.000 visitas, y 890 seguidores en facebook. Yo llevo más de un año en Madrid, terminé mis estudios de posgrado, dejé de viajar en metro/renfe 4 horas al día, vivo en un 2º con ascensor que no falla, estoy trabajando en lo que me apasiona y a 5 minutos de casa, y ya tengo otro proyecto en la cabeza (participando en un concurso de escribir una novela de 50.000 palabras en menos de un mes).

Y como nunca jamás lo he hecho, y aunque lo sabe perfectamente, quería darle las gracias a esa persona que me enseñó aquél blog, y me insistió en que debía hacer un blog, por haberme enseñado que a veces tirarse sin paracaídas es una sensación brutal, que plantarse en Afganistán sin chaleco antibalas es mi estilo de vida me guste o no, y  por haberme animado a construir lo que para mi hoy es “mi rincón”, por haber confiado en mis palabras, y sobretodo por haber sido- y esto si que no lo sabe-  la persona que más ha sido capaz, sin saberlo ni quererlo, de sacarme de ahí dentro escritos que nunca jamás pensé que podrían haber salido de mi. Gracias. Y gracias también a mi compañero de piso, el forofo de Aída.

Así que en resumen no fue qué me hizo hacer el blog, fue más bien quién. Y eso no lo voy a olvidar.


Y una vez que he contestado las preguntas de mis nominadores, paso a nombrar 6 blog y que de una forma u otra, a mi me sirven para inspirarme, para levantarme de la cama  y seguir con ganas de haciendo cosas que se escapen de las formalidades del mundo en el que vivimos:

“creo en la gente que cree”
“acábate esa copa que tienes en la mano y a la siguiente invito yo, porque eso de que ahogar las penas no sirve para nada es mentira, y porque a veces es mejor cerrar los ojos que ver un espectáculo molesto y doloroso.”
“Quién me habría dicho que unos años después sería la persona que soy ahora? Nunca lo habría imaginado. Quien soy actualmente es una evolución enorme de quien he sido, me he construido hasta llegar a ser quien siempre he querido ser”
“Ella se hace fría y se hace eterna…un suspiro en la tormenta a la que tantas veces le cambió la voz…gente que va y que viene y siempre es ELLA”
“Besos con carmín que al habla matan, besos como agua de mayo, besos que piden licencia y otros en cambio no requieren factura. Besos por embargo, besos de trabajo con o sin amor, besos que al tiempo evidencian, que al tiempo desnudan, que al tiempo vencen; besos sin pasaporte, sin nombre, con vida; besos que piden un abrazo y besos que no preguntan besar.”
“La recena es el final de una gran noche y el principio de una buena resaca. La recena es compañía pero nunca multitud. Eso es un after.”

Y mis preguntas para los mencionados son:

  • Escribir, ¿ inspiración, o dedicación?
  • Escribir, ¿para qué?
  • Fracaso, ¿que no te lean, que no escribas?
  • Heridas de guerra ¿esconderlas o lucirlas?
  • ¿Dejar de escribir? ¿Decisión, u obligación?

Hasta aquí, lo referido a este premio.

Dar las gracias de nuevo por esta mención que hace que uno siga creyendo en lo que hace, y sabiendo que hay gente por ahí que se interesa por lo que uno hace, y aunque no sea lo primordial, siempre está bien saber que los demás agradecen y valoran lo que hacemos, aunque sea por diversión.

Quiero cerrar este post con las palabras que una noche de esas de porque sí, me salieron:

dobleblack“Lo importante para escribir algo sin mucho sentido aparente no es estar enamorado, lo importante para escribir algo que no se entienda un lunes por la mañana antes de ir al trabajo no es estar, ni siquiera ,borracho, lo importante para que nada de eso pueda ocurrir es tener algo que te sirva de musa. Algo que te sirva de inspiración. Porque estar enamorado y/o borracho te puede hace ver cosas difusas, te puede hace no tener los pies muy en la tierra, pero tener una musa es mucho mejor.

Porque no sólo te hace ver cosas raras y no tener los pies en la tierra; sino que hace que te salga todo eso que no sacarías de otra manera. Algunos tienen por musas mujeres, otros tienen canciones, películas, libros o whisky. Da igual cual sea la musa. Lo que mola de verdad es tener a algo o alguien que sea capaz de sacar todo eso. Porque todos tenemos algo dentro, pero no todos sabemos con qué o cómo sacarlo. Algunos lo sacan solos, otros, sin embargo, necesitan de algo, de un momento, de un instante, de una racha o de una etapa para sacarlo. Lo importante es sacarlo. Nadie sabe cuándo te pasa eso. Y nadie sabe bien qué o quién es la inspiración, pero ahora mismo, para mi, la canción “Esta noche tengo más de lo normal”, me ha hecho ponerme a escribir, aunque sea de aquella manera. Que qué saldrá, no lo sé. Pero por mi mente pasan mil cosas, no paran, con sentido y sin sentido, abstractas y reales. Pero me es igual el resultado de lo que plasme por aquí, porque sólo quiero escribir.

Escribir algo que no tenga demasiado sentido para nadie, pero lo tenga para mi. Y eso, justo hacer eso, es increíble, porque te planteas por qué la gente escribe, por qué la gente pasea o por qué la gente simplemente se sienta en un banco a mirar los pájaros. Quizás porque todo lo que tengamos en la vida seamos nosotros mismos, y sólo nosotros somos los dueños de lo que pensamos. Quizás porque tenemos una capacidad casi inimaginable de ser los verdaderos dueños de nuestro pensamientos. A lo mejor tenemos que empezar a pensar un poco más, a aprender a vivir con nosotros mismos, a saber que la vida son tres días y que uno nos lo pasamos durmiendo y otro trabajando. Por qué no agarrarse una buena botella de DoubleBlack  un viernes noche, un paquete de Malboro y pensar un poco. No pasa nada por pensar, no está prohibido, qué tal si de una puta vez dejamos de mirar la tele, coger el móvil o ver la hora del reloj.

Qué tal si pensamos más allá, más allá de lo que vemos, de lo que creemos ver o de lo que creemos sentir. Qué tal si nos abstraemos un poco, dejamos la mente en blanco y, durante media hora, mandamos todo al carajo. Qué tal si todos aceptamos que estamos más para allá que para acá pero que todos somos mucho más grandes de lo que creemos. Qué tal si nos damos cuenta de que todo lo que hemos logrado ya es más de lo que creíamos poder lograr. Qué tal si aceptamos que, a veces, las mejores conversaciones que podemos tener son con nosotros mismos. Qué tal si hacemos eso de vez en cuando. Qué tal si nos damos cuenta de que, posiblemente, esta noche tengamos más de lo normal.”

Gracias.

EV.

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Y qué

“A mi me gusta comer de verdad, beber de verdad, besar de verdad, charlar con los amigos de verdad, y cuándo pones tanto en todas esas cosas lo más normal es que salgas lleno de cicatrices”

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Creo que no hace ni falta que diga de quién son estas frases. Y cuantísima razón lleva. Pero si el Maestro me lo permite, a mi me gustaría añadirle un punto y coma, y dos palabras al final:

Y QUÉ

Y ahí estaría la clave. La clave de la vida es el “y qué”. Lo tengo más claro que el agua. El “y qué”, el ¿y si? y el “y por qué no” son la clave. La puta clave. Hacedme caso. El otro día, no recuerdo bien qué paso, pero yo pregunté así muy desorientado a un amigo…tío, ¿y por qué? y me contestó muy serio, ¿y por qué no?, fijaros que tontería eh, pero macho me dejó planchado. Grande Omani García.

Bueno total, que todo esto viene porque imagino que alguna vez en vuestras vidas habréis tenido esa sensación de decir “yo paso ya del tema”, “si quieren que lo hagan ellos”, etc etc etc, pues sí, yo también las he tenido, a diario de hecho, de eso que dices “mira yo ya paso porque aquí parece que si no pongo yo a la gente de acuerdo nunca hacen nada”…y como esas, cientos de frases. Y eso le suele pasar a la gente que le encanta organizar cosas, por muy tontas que sean, a la gente con iniciativa, y con ganas de no estarse quieto. Y la gente que es (somos) así, a veces nos llevamos nuestro palito corrector, por no llamarle a veces ostia del carajo. Y qué.

Mucha gente que conozco, y yo el primero, entramos a veces en batallas intelectuales sobre si debemos o no debemos ser como somos. Y la frase siempre es “es que de bueno, soy tonto”. Y ahí caemos en el error de la autocomplacencia. Mira no, disculpa, de bueno nunca se es tonto. La frase debía ser: “de bueno que se cree que soy, parezco tonto”. Eso ya es otra cosa. Porque de bueno bueno, aquí nadie tiene un pelo, y aunque lo fueras, no por eso eres tonto. A ver si nos aclaramos.

Porque yo hoy no vengo a ensalzar la figura del que siempre se moja e intenta tirar del carro de una amistad, de un amorío, o del viaje de fin de carrera. No, no. Venga a hablar de que por el hecho de que uno sea así, no le da derecho a quejarse continuamente de que los demás no le sigan o que se lleve algún que otro palo. Si aquí somos fuertes para dar el paso, hay que serlo para recibir el palo. Porque no hay cosa que me de más coraje que la gente que se queja. Y que yo me quejo el primero, a veces, pero no me parece bien.  “Y no me enfado, pero me da coraje kiyo”.

Me da coraje escucharme a veces, y escuchar a otros quejarse de que “es que encima que yo”…”encima que yo”…¿encima de qué cojones? Que sí, que hay veces que la gente es imbécil y uno recibe un revés que lo deja descolocado. Pero que es que la vida es así, hay gente buena, hay gente mala, los hay agradecidos, desagradecidos, gente que expresa más lo que siente, y gente que siente más de lo que expresa. Y es así.  Y está bien  echarle ganas a todo. No está bien. Está cojonudo y es como hay que hacer las cosas. Y si no te quedas en casa. Pero también está bien saber que cuando todo lo que haces, o casi todo, le pones empeño y ganas puedes salir lleno de cicatrices, pero y cuántas veces sales glorioso. Pues muchas también.9694fd302599218d6d30454346c5705f

Y de verdad que conozco mucha gente de esa de las que comen de verdad, beben de verdad y charlan con los amigos de verdadad, vamos, que son los que mejor me caen y con quien quiero acabar siempre, pero también los veo sufrir muchas veces. Y eso me duele más. Y no por lo que son, sino por lo que pueden dejar de ser. Decía un poeta, que tampoco hace falta que diga quién es – y lo siento si alguien piensa que no lo es- “que por cada corazón que rompes, se cae la tinta de un poeta”; y eso es lo que a mi me da miedo cuando veo a alguien sufrir. Que deje de escribir. Que deje de vivir. Que deje de vivir de verdad. Creo que se me entiende… me da miedo que dejen de ser quienes son, se conviertan en piedras, y dejen de vibrar. No me gusta la gente que no vibra. No me gusta.

Y el mensaje no puede ir dirigido a quien rechaza vibrar, a quien rechaza comer de verdad, o a quien te da la ostia, sino a quien se lo han roto por beber de verdad, besar de verdad, y querer de verdad. Porque es ese quien seguro puede cambiar, y tiene que saber que no ha de hacerlo. Y ha de saber que tampoco tiene derecho a quejarse, ni de echarle en cara nada a nadie.

Porque aunque parezca una fantochada y poco “romántico”, cuando se hacen las cosas, en realidad no se hacen por los demás, se hacen por uno mismo. Así que puedes amar de verdad, pero no te olvides que si eso no te generase felicidad tú no lo harías, porque somos así, y porque somos animales. Así que vamos a desmitificar la figura del que se parte los cuernos por los demás, porque en cierto modo se los parte también por él. Y quien escribe, como yo, no escribe para nadie, escribe para él. Y si lo que sale le gusta, lo comparte, pero como algo secundario. Y quien se enamora de alguien, no se enamora por la otra persona, se enamora por lo que le hace sentir. Punto.  Y además es que me parece la pura esencia de las cosas, hago algo por ti porque el mero hecho de hacerlo por ti, me produce placer, así que imagina lo que me has hecho sentir para que yo mismo sea feliz haciéndolo.

Por eso, cuando sé que mi forma de ser, y de vivir la vida es de esas en la que me gusta comer de verdad, beber de verdad, besar de verdad, charlar con los amigos de verdad, y poner tanto en todas esas cosas, también sé, que lo más normal es que salga lleno de cicatrices, pero resulta que es lo que decidí, y lo que me hace feliz. Así que sí, puedes estar lleno de cicatrices. Y qué.

E.V

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“Irse al carajo”

Corte-de-mangas

En realidad, uno no sabe qué pensar de la gente. Si son idiotas en serio, o si se toman a pecho la burda comedia que representan en todas las horas de sus días y sus noches.

Vamos a ver, y a ver cómo encauzo yo esto hoy porque de verdad que es que hay días en los que todo va bien hasta que se te cruza un tonto en el camino. Y hoy se me ha tenido que cruzar a mi, y el caso es que claro, que uno aguanta, aguanta, aguanta las gilipolleces de los demás hasta que uno salta. Y salta de verdad y al final acaba quedando como el malo de la película.

Bueno, en realidad a mi me resbala completamente como quedar, las cosas como son, pero si me joden las mosquitas muertas. Me joden mucho. Pero mucho mucho. Por eso hoy quiero romper una lanza en favor de todos los impulsivos . De los que pierden las formas de vez en cuando y de los que prefieren tres voces y cuatro tacos que una carita de no haber roto un plato y un auténtico demonio por dentro. Arriba la gente clara y la gente que se le ve venir. Carajo. Así, y ya está bien de que la palabra impulsivo sea palabra tabú en una entrevista de trabajo, en una relación o donde coño quiera que sea. Que no, cojones, que no.

Que las formas y las normas están para saltárselas – de vez en cuando-, y que la impulsividad sirve para saltar de la cama un día de mierda, para dejar a la persona que te está amargando la vida, y para coger las maletas e irte a recorrer el mundo si hace falta o ponerte a escribir, de verdad y sintiendo lo que escribes aunque lo que salga no sea perfecto.

Como por ejemplo ahora, que de verdad que hacía mucho tiempo que no escribía tan rápido.

Y es que resulta que alguna gente parece que no ha roto un plato en su vida y son para darle paguita doble. Y esto es como los cuernos, es que si a mi me diese por poner cuernos seguro que me pillarían. Seguro. Porque sí, porque se me ve venir. Y lo peor no es eso, es que como mis formas son más extravagantes que los de los demás pues ya esta: que si Enrique tal, y que si Enrique cual, y que seguro que es un golfo y pa cá y pa llá. QUE NO. Que no os dejéis llevar por las apariencias ostia. Que si yo me pusiera a contar la de gente que conozco que engaña a sus parejas, que parecen angelitos me iba a quedar solo.

Pero bueno, que a lo que venía era a decir eso, que ya está bien de que la gente nada más que se quede con las formas, porque por ejemplo mirad qué formas tan buenas tienen todos los políticos y la mierda tan gorda en la que nos han metido. ¿Es o no? Mirad de qué manera tan bonita os dejó vuestra novio/novia/follamigo/: “no si no eres tú, soy yo…” claro…claro que no eres tú, es ella carajo que te la está pegando con tu amigo el morenito con cara de no haber roto un plato. Pero claro, de eso lo mismo ni te enteras porque no “te veas”, lo bien que se lo guardan los cabrones. Pues nada amigos, seguid así, que veras que risas nos vamos a llevar todos con vuestros príncipes y princesas ideales.

Y así mil cosas, qué me decís de ese profesor con carita de mamela, con su corbatita finita, que no pasaba lista en clase, que podíais estudiar por el manual que fuera….que hay que ver qué gracioso era eh, pero cuando te ponía el examen y te preguntaba lo que no estaba ni en el vademecum, vaya risas nos echábamos todos eh. Que gracioso era y qué buena gente parecía pero menudo hijo de puta que ha sido.

O por ejemplo lo del perro este…Excalibur, que hay que ver la gente la que ha liado porque maten a un perro. Que sí, que qué pena y que todo lo que queráis, pero que es un perro, por el amor de Dios, que yo no entro si habría que haberlo hecho o no, pero que hay miles de personas que se mueren a diario y no veo a nadie yo que se estrelle contra un coche como pasó con lo del perro. Y todo ¿por qué? Porque a la gente lo que le gusta es el morbo, las formas y el jolgorio, pero de los que se mueren en silencio aquí paz y después gloria. Anda ya.

Es como lo de los tacos, que hay que ver también qué mal y que feo está decir tacos. Y todos muy preocupados de que su hijo no diga tacos, pero el por culo que te mete el niño en la terracita de verano jugando y pegando chillidos eso qué pasa, que da igual o qué, porque como ya dije una vez que yo sepa ningún coño le ha hecho mal a nadie, pero no veas el calor que dan los niños “educados”.

Bueno total, que no te rayes ni un pelo si un día te tocan bien los cojones y tienes que soltar tres voces o soltar cuatro improperios, que la gente se escandaliza mucho de todo menos de lo que se tiene que escandalizar, pero que no pasa nada. Y cerraré diciendo lo siguiente

  1. Que me caen mal los que le caen bien a todo el mundo. Porque es mentira.
  2. Que me caen peor los que quieren caer bien a todo el mundo. Porque es imposible.
  3. Que me caen extremadamente mal los repelentes, los diplomáticos y los políticamente correctos. Porque no tienen personalidad.
  4. Que me caen horripilantemente mal los que vende el buen rollo como clave de la vida. Porque es imposible.
  5. Y sobretodo, sobretodo, me caen mal los que se cambian los apellidos y empiezan a ponerse “des” y “guiones” entre sus apellidos. Los odio.

Sed buenos.  Y no olvidéis ni os sintáis mal por mandar al carajo a quien queráis, que solos no van a estar,  que el carajo está lleno de gente, unos porque se van, y otros porque los mandan.

E.V

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Haz lo que te de la gana

La necesidad humana de hacer lo que te da la gana es el eje donde gravita el compromiso en descubrir quién es uno y qué es lo esencialmente propio que te mueve y cómo te mueve. Hacer lo que te da la gana no es hacer cualquier cosa, sino hacer lo que quieres, lo cual significa ser capaz de identificarlo, sabiendo que eso es una dinámica necesariamente cambiante, que evoluciona, y que para bien o para mal nos va construyendo.
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Se me hace muy raro volver por aquí. Mucho. Se me hace raro porque es la primera vez que me vuelvo a sentar delante de un ordenador para intentar poner en orden algunas ideas de esas que aparecen un domingo a las 4 de la tarde, o un miércoles a las 8. Y mentiría si os dijese que no he tenido ganas de volver antes, pero resulta que algo había que me hacía no escribir.

Lo más sorprendente fue cuando hace unas semanas abrí la página de Facebook del blog y vi que tenía un mensaje de una chica. En resumen me decía que hacía tiempo que había descubierto el blog, que se había suscrito y que leía todas las publicaciones, y cerraba el mensaje diciendo que a ella le servía para pensar, y lo que más me impacto: que lo echaba de menos.

Lo cierto es que no le contesté. En realidad no la conocía de nada, pero no fue por eso. Fue más bien porque no sabía qué decirle. No sabía como decirle que no escribía no porque no quisiera, sino porque no sabía de qué escribir. Que se me habían agotado las ideas-o peor- que se me había ido eso que en el flamenco se llama “duende”, y que en mi argot siempre le he llamado “inspiración”.

Y puede que así haya sido, no me inspira nada. Las cosas como son. Y no puedo escribir cuando no siento lo que escribo. Porque había pensado escribir sobre el maldito ébola, sobre las tarjetas negras, sobre el referéndum, y sobre mil cosas; y me puse a ello, pero cuando leía lo que salía, lo único que me salía eran críticas y peste por la boca. Y si algo llevo meditando muchos meses es no abrir la boca para romper el silencio, si no es para mejorarlo. En otras palabras: si no vas a aportar valor, o soluciones, mejor cállate. Nadie necesita que lo enciendan más.

Pero esa apatía escritora ha cambiado un poquillo esta tarde, porque mientras andaba entre leyes, reglamentos, papeles, emails y algo de música, mi móvil ha sonado: “joder con el puto whatsapp”, eso he dicho. Y lo he abierto:

“compadre, necesito tu consejo, tú que eres amigo y sabio. Me dejó mi novia hace unos meses porque decía que no sentía lo mismo. Y volvimos. Y me volvió a dejar, por los mismos motivos. Y yo durante semanas me he arrastrado a tope y nada. El jueves me lie con una, ya que no estaba con ella y había pasado un tiempo, y ella el sábado me escribe y me dice que enhorabuena, y que sea muy feliz, pero estaba como picadilla. Qué crees que debo hacer? Pasar no? Tú crees que volverá? Espero su respuesta amigo. Un abrazo! Jajajaj”

Bueno, a parte del jajaja del final, que no tiene sentido ninguno y ha sido muy descuadrante en toda esta confesión, (aquí es que estamos todos para que nos amarren), he de decir que quien me mando este whatsapp es un tío coherente, y un buen amigo, y muchos os sorprenderías si supieseis quién es. No es ningún loco; pero si un bohemio de los buenos. Un soñador y un auténtico personaje. Y sobre todo es de esas personas que ni os imaginarías que pudiera tener esta clase de polémicas en su cabeza porque es de los que cuando habla, dicta sentencia. Llamémosle Juan.

Total, que le he contestado: “a bueno has ido tú a preguntar” y me he quedado en blanco como diciendo, y qué le digo yo ahora a este…

La tarde ha seguido, ha llegado la hora de salir, me he dado un garbeo y de eso que empiezas a pensar, a tener frases, ideas y pensamientos, y los quieres plasmar. Joder sí, por fin.

Asique he llegado a casa, he pedido la cena, (porque no tenía ganas de fregar, ni tiempo que perder) y aquí estoy: en un lugar nuevo para escribir, con un ordenador que he tenido que pedir prestado, con un cigarrito, con la noche enfrente de mis narices, y con ganas de escribir. Sorprendente.

Y es que resulta que cuando he leído por segunda vez lo que me ha escrito mi amigo lo que he pensado ha sido: “que la mande al carajo”, pero luego he pensado mejor, he recapacitado y me he dado cuenta que esta vez sí, que esta vez sí podía escribir algo útil, útil para mí, para esa lectora que echaba de menos mis locuras, para Juan y para todos los juanes y juanas que alguna vez hemos sido. Ahí va:

HAZ LO QUE TE DE LA GANA. Así, como lo oyes. Al carajo. Lo que hagas estará bien hecho. Aunque no debas hacerlo. Y ojo, no te aseguro que lo vayas a hacer será lo que funcionará, o peor, lo que debas. Mucho ojo, pero es que como me decía una amiga hace unas horas: la vida no es un manual de Derecho. Haz lo que te dé la gana porque sólo tú sabrás qué es lo que (tienes) quieres hacer. Y quizás hoy creas que no sabes qué hacer, si hablarle, si no hablarle, si luchar por ella, si no luchar, si rendirte, o si jugar al ratón y al gato. Pero te aseguro que sí sabes lo que quieres hacer. Te lo juro. Tú sabes lo que quieres hacer. Y me da igual que me digas que ya sabes lo que quieres, pero que no sabes si debes. Que me da igual, carajo. Que eso da igual. En estos asuntos -donde no manda la razón- lo único que estará bien será lo que tú quieras, y no lo que debas.

Eh, tú, que no le preguntes a nadie. Que no recibas consejos de nadie: quien luchó y ganó te dirá que llames, y quien luchó y perdió, dirá que no llames; incluso algún camicace como quien firma te diría que adelante con las tropas mi comandante. Pero a ti eso qué más te da. Piénsalo: ¿de verdad vas a dejar la única parcela de tu vida en la que realmente eres libre, a la opinión y consejo de los demás? ¿De verdad vas a dejar escapar posiblemente a la mujer que quieres porque yo te diga que la mandes a tomar por culo? ¿O de verdad vas a dejar que alguien te convenza de que luches por alguien que no te quiere? Yo creo que no, que si quieres, o no quieres hacer algo, tú lo sabes. Aunque ahora pienses que no.

Hagas lo que hagas, piensa lo que tú quieres, sólo tú: porque si no quieres luchar, no luches, nadie te va a juzgar por ello. Y quien lo haga, no le importas una mierda, y quien te quiera entenderá lo que hayas hecho. Y no tengas miedo del qué dirán, no tengas miedo de eso, porque hagas lo que hagas siempre vendrá un listo que te dirá “te lo dije”, y a ese se sopla completamente lo que hayas hecho o no. Ese se hará su vida y cuando menos te lo esperes, ya no serás parte de la suya. Aunque eso sí, te “aconsejó” que no fueras detrás de fulanita que posiblemente ni conozca, ni tenga interés en hacerlo.

Las cosas pasan, siempre pasan, para bien o para mal, pero siempre acaban resolviéndose. Pero ¿sabes lo que nunca pasa? el remordimiento de haber querido y no haber hecho nada. Porque nadie te va a esperar siempre, ni nadie va a ser capaz de saber lo que sientes mejor que tú. Así que no seas tonto, y si quieres algo sal ahí fuera y lucha. Y si no quieres, no sé qué haces preguntándome, porque esas preguntas suenan a “apóyame” y no a preguntas. Y yo puedo apoyarte, pero es que no es mi vida, es la tuya. Así que está bien que busques ayuda, para eso estamos aquí, pero hazme un favor: haz lo que te dé la gana. No vuelvas a preguntarme, y ten siempre presente que aquí tienes un hombro cuando todo te salga mal, y un hígado a prueba de bombas cuando te salga bien.

Así que amigo, sé que soy muy pesado, pero haz lo que te dé la gana. Si no quieres, quédate en casa, relájate y quédate tranquilo porque estás haciendo lo que quieres. Pero si de verdad algo por dentro siempre te hace tenerla en la mente, si cada vez que lees algo, ves una película, lees un libro o pasas por una esquina, te viene a la mente; si está ahí dentro, amigo, tú si sabes lo que quieres, y entonces mi consejo será el de que salgas a la calle, que te busques la vida, que te levantes, te líes la manta a la cabeza, y salgas a por ella. Pero no se lo digas a nadie, no intentes convencer a nadie de lo que haces. HAZLO.

Sólo te diré para acabar que en esta vida las oportunidades las hay a puñados, pero oportunidades que merezcan la pena hay menos. Te diré que la razón no es más sabia que el corazón, y ni mucho menos la razón te va a llevar a más sitios que el corazón. Aunque donde te lleve la razón será un lugar más tranquilo, y allá tú amigo mío si te gusta la tranquilidad o prefieres agarrar una mochila y recorrer mundo. Coger y tirarte sin paracaídas. Es tu decisión, y ni es mía, ni de nadie.

Eso sí, ten por seguro que lo que escojas no tiene por qué se lo acertado. Quizás la dejes pasar, y algún día te arrepientas, o quizás luches y sea en balde, porque no todo lo que se quiere se consigue, y ten por seguro que el camino no será fácil, y que posiblemente vuelvas a casa con el rabo entre las piernas; eso si, sin más consuelo que el de haber hecho lo que has querido.

Ya sabes, la vida es corta, y va deprisa, no pierdas tiempo en mirar a quien se conforma con verla pasar: agarra un vaso, enciende un pitillo, piensa, y haz lo que te dé la gana.

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