Y qué

“A mi me gusta comer de verdad, beber de verdad, besar de verdad, charlar con los amigos de verdad, y cuándo pones tanto en todas esas cosas lo más normal es que salgas lleno de cicatrices”

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Creo que no hace ni falta que diga de quién son estas frases. Y cuantísima razón lleva. Pero si el Maestro me lo permite, a mi me gustaría añadirle un punto y coma, y dos palabras al final:

Y QUÉ

Y ahí estaría la clave. La clave de la vida es el “y qué”. Lo tengo más claro que el agua. El “y qué”, el ¿y si? y el “y por qué no” son la clave. La puta clave. Hacedme caso. El otro día, no recuerdo bien qué paso, pero yo pregunté así muy desorientado a un amigo…tío, ¿y por qué? y me contestó muy serio, ¿y por qué no?, fijaros que tontería eh, pero macho me dejó planchado. Grande Omani García.

Bueno total, que todo esto viene porque imagino que alguna vez en vuestras vidas habréis tenido esa sensación de decir “yo paso ya del tema”, “si quieren que lo hagan ellos”, etc etc etc, pues sí, yo también las he tenido, a diario de hecho, de eso que dices “mira yo ya paso porque aquí parece que si no pongo yo a la gente de acuerdo nunca hacen nada”…y como esas, cientos de frases. Y eso le suele pasar a la gente que le encanta organizar cosas, por muy tontas que sean, a la gente con iniciativa, y con ganas de no estarse quieto. Y la gente que es (somos) así, a veces nos llevamos nuestro palito corrector, por no llamarle a veces ostia del carajo. Y qué.

Mucha gente que conozco, y yo el primero, entramos a veces en batallas intelectuales sobre si debemos o no debemos ser como somos. Y la frase siempre es “es que de bueno, soy tonto”. Y ahí caemos en el error de la autocomplacencia. Mira no, disculpa, de bueno nunca se es tonto. La frase debía ser: “de bueno que se cree que soy, parezco tonto”. Eso ya es otra cosa. Porque de bueno bueno, aquí nadie tiene un pelo, y aunque lo fueras, no por eso eres tonto. A ver si nos aclaramos.

Porque yo hoy no vengo a ensalzar la figura del que siempre se moja e intenta tirar del carro de una amistad, de un amorío, o del viaje de fin de carrera. No, no. Venga a hablar de que por el hecho de que uno sea así, no le da derecho a quejarse continuamente de que los demás no le sigan o que se lleve algún que otro palo. Si aquí somos fuertes para dar el paso, hay que serlo para recibir el palo. Porque no hay cosa que me de más coraje que la gente que se queja. Y que yo me quejo el primero, a veces, pero no me parece bien.  “Y no me enfado, pero me da coraje kiyo”.

Me da coraje escucharme a veces, y escuchar a otros quejarse de que “es que encima que yo”…”encima que yo”…¿encima de qué cojones? Que sí, que hay veces que la gente es imbécil y uno recibe un revés que lo deja descolocado. Pero que es que la vida es así, hay gente buena, hay gente mala, los hay agradecidos, desagradecidos, gente que expresa más lo que siente, y gente que siente más de lo que expresa. Y es así.  Y está bien  echarle ganas a todo. No está bien. Está cojonudo y es como hay que hacer las cosas. Y si no te quedas en casa. Pero también está bien saber que cuando todo lo que haces, o casi todo, le pones empeño y ganas puedes salir lleno de cicatrices, pero y cuántas veces sales glorioso. Pues muchas también.9694fd302599218d6d30454346c5705f

Y de verdad que conozco mucha gente de esa de las que comen de verdad, beben de verdad y charlan con los amigos de verdadad, vamos, que son los que mejor me caen y con quien quiero acabar siempre, pero también los veo sufrir muchas veces. Y eso me duele más. Y no por lo que son, sino por lo que pueden dejar de ser. Decía un poeta, que tampoco hace falta que diga quién es – y lo siento si alguien piensa que no lo es- “que por cada corazón que rompes, se cae la tinta de un poeta”; y eso es lo que a mi me da miedo cuando veo a alguien sufrir. Que deje de escribir. Que deje de vivir. Que deje de vivir de verdad. Creo que se me entiende… me da miedo que dejen de ser quienes son, se conviertan en piedras, y dejen de vibrar. No me gusta la gente que no vibra. No me gusta.

Y el mensaje no puede ir dirigido a quien rechaza vibrar, a quien rechaza comer de verdad, o a quien te da la ostia, sino a quien se lo han roto por beber de verdad, besar de verdad, y querer de verdad. Porque es ese quien seguro puede cambiar, y tiene que saber que no ha de hacerlo. Y ha de saber que tampoco tiene derecho a quejarse, ni de echarle en cara nada a nadie.

Porque aunque parezca una fantochada y poco “romántico”, cuando se hacen las cosas, en realidad no se hacen por los demás, se hacen por uno mismo. Así que puedes amar de verdad, pero no te olvides que si eso no te generase felicidad tú no lo harías, porque somos así, y porque somos animales. Así que vamos a desmitificar la figura del que se parte los cuernos por los demás, porque en cierto modo se los parte también por él. Y quien escribe, como yo, no escribe para nadie, escribe para él. Y si lo que sale le gusta, lo comparte, pero como algo secundario. Y quien se enamora de alguien, no se enamora por la otra persona, se enamora por lo que le hace sentir. Punto.  Y además es que me parece la pura esencia de las cosas, hago algo por ti porque el mero hecho de hacerlo por ti, me produce placer, así que imagina lo que me has hecho sentir para que yo mismo sea feliz haciéndolo.

Por eso, cuando sé que mi forma de ser, y de vivir la vida es de esas en la que me gusta comer de verdad, beber de verdad, besar de verdad, charlar con los amigos de verdad, y poner tanto en todas esas cosas, también sé, que lo más normal es que salga lleno de cicatrices, pero resulta que es lo que decidí, y lo que me hace feliz. Así que sí, puedes estar lleno de cicatrices. Y qué.

E.V

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“Irse al carajo”

Corte-de-mangas

En realidad, uno no sabe qué pensar de la gente. Si son idiotas en serio, o si se toman a pecho la burda comedia que representan en todas las horas de sus días y sus noches.

Vamos a ver, y a ver cómo encauzo yo esto hoy porque de verdad que es que hay días en los que todo va bien hasta que se te cruza un tonto en el camino. Y hoy se me ha tenido que cruzar a mi, y el caso es que claro, que uno aguanta, aguanta, aguanta las gilipolleces de los demás hasta que uno salta. Y salta de verdad y al final acaba quedando como el malo de la película.

Bueno, en realidad a mi me resbala completamente como quedar, las cosas como son, pero si me joden las mosquitas muertas. Me joden mucho. Pero mucho mucho. Por eso hoy quiero romper una lanza en favor de todos los impulsivos . De los que pierden las formas de vez en cuando y de los que prefieren tres voces y cuatro tacos que una carita de no haber roto un plato y un auténtico demonio por dentro. Arriba la gente clara y la gente que se le ve venir. Carajo. Así, y ya está bien de que la palabra impulsivo sea palabra tabú en una entrevista de trabajo, en una relación o donde coño quiera que sea. Que no, cojones, que no.

Que las formas y las normas están para saltárselas – de vez en cuando-, y que la impulsividad sirve para saltar de la cama un día de mierda, para dejar a la persona que te está amargando la vida, y para coger las maletas e irte a recorrer el mundo si hace falta o ponerte a escribir, de verdad y sintiendo lo que escribes aunque lo que salga no sea perfecto.

Como por ejemplo ahora, que de verdad que hacía mucho tiempo que no escribía tan rápido.

Y es que resulta que alguna gente parece que no ha roto un plato en su vida y son para darle paguita doble. Y esto es como los cuernos, es que si a mi me diese por poner cuernos seguro que me pillarían. Seguro. Porque sí, porque se me ve venir. Y lo peor no es eso, es que como mis formas son más extravagantes que los de los demás pues ya esta: que si Enrique tal, y que si Enrique cual, y que seguro que es un golfo y pa cá y pa llá. QUE NO. Que no os dejéis llevar por las apariencias ostia. Que si yo me pusiera a contar la de gente que conozco que engaña a sus parejas, que parecen angelitos me iba a quedar solo.

Pero bueno, que a lo que venía era a decir eso, que ya está bien de que la gente nada más que se quede con las formas, porque por ejemplo mirad qué formas tan buenas tienen todos los políticos y la mierda tan gorda en la que nos han metido. ¿Es o no? Mirad de qué manera tan bonita os dejó vuestra novio/novia/follamigo/: “no si no eres tú, soy yo…” claro…claro que no eres tú, es ella carajo que te la está pegando con tu amigo el morenito con cara de no haber roto un plato. Pero claro, de eso lo mismo ni te enteras porque no “te veas”, lo bien que se lo guardan los cabrones. Pues nada amigos, seguid así, que veras que risas nos vamos a llevar todos con vuestros príncipes y princesas ideales.

Y así mil cosas, qué me decís de ese profesor con carita de mamela, con su corbatita finita, que no pasaba lista en clase, que podíais estudiar por el manual que fuera….que hay que ver qué gracioso era eh, pero cuando te ponía el examen y te preguntaba lo que no estaba ni en el vademecum, vaya risas nos echábamos todos eh. Que gracioso era y qué buena gente parecía pero menudo hijo de puta que ha sido.

O por ejemplo lo del perro este…Excalibur, que hay que ver la gente la que ha liado porque maten a un perro. Que sí, que qué pena y que todo lo que queráis, pero que es un perro, por el amor de Dios, que yo no entro si habría que haberlo hecho o no, pero que hay miles de personas que se mueren a diario y no veo a nadie yo que se estrelle contra un coche como pasó con lo del perro. Y todo ¿por qué? Porque a la gente lo que le gusta es el morbo, las formas y el jolgorio, pero de los que se mueren en silencio aquí paz y después gloria. Anda ya.

Es como lo de los tacos, que hay que ver también qué mal y que feo está decir tacos. Y todos muy preocupados de que su hijo no diga tacos, pero el por culo que te mete el niño en la terracita de verano jugando y pegando chillidos eso qué pasa, que da igual o qué, porque como ya dije una vez que yo sepa ningún coño le ha hecho mal a nadie, pero no veas el calor que dan los niños “educados”.

Bueno total, que no te rayes ni un pelo si un día te tocan bien los cojones y tienes que soltar tres voces o soltar cuatro improperios, que la gente se escandaliza mucho de todo menos de lo que se tiene que escandalizar, pero que no pasa nada. Y cerraré diciendo lo siguiente

  1. Que me caen mal los que le caen bien a todo el mundo. Porque es mentira.
  2. Que me caen peor los que quieren caer bien a todo el mundo. Porque es imposible.
  3. Que me caen extremadamente mal los repelentes, los diplomáticos y los políticamente correctos. Porque no tienen personalidad.
  4. Que me caen horripilantemente mal los que vende el buen rollo como clave de la vida. Porque es imposible.
  5. Y sobretodo, sobretodo, me caen mal los que se cambian los apellidos y empiezan a ponerse “des” y “guiones” entre sus apellidos. Los odio.

Sed buenos.  Y no olvidéis ni os sintáis mal por mandar al carajo a quien queráis, que solos no van a estar,  que el carajo está lleno de gente, unos porque se van, y otros porque los mandan.

E.V

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Haz lo que te de la gana

La necesidad humana de hacer lo que te da la gana es el eje donde gravita el compromiso en descubrir quién es uno y qué es lo esencialmente propio que te mueve y cómo te mueve. Hacer lo que te da la gana no es hacer cualquier cosa, sino hacer lo que quieres, lo cual significa ser capaz de identificarlo, sabiendo que eso es una dinámica necesariamente cambiante, que evoluciona, y que para bien o para mal nos va construyendo.
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Se me hace muy raro volver por aquí. Mucho. Se me hace raro porque es la primera vez que me vuelvo a sentar delante de un ordenador para intentar poner en orden algunas ideas de esas que aparecen un domingo a las 4 de la tarde, o un miércoles a las 8. Y mentiría si os dijese que no he tenido ganas de volver antes, pero resulta que algo había que me hacía no escribir.

Lo más sorprendente fue cuando hace unas semanas abrí la página de Facebook del blog y vi que tenía un mensaje de una chica. En resumen me decía que hacía tiempo que había descubierto el blog, que se había suscrito y que leía todas las publicaciones, y cerraba el mensaje diciendo que a ella le servía para pensar, y lo que más me impacto: que lo echaba de menos.

Lo cierto es que no le contesté. En realidad no la conocía de nada, pero no fue por eso. Fue más bien porque no sabía qué decirle. No sabía como decirle que no escribía no porque no quisiera, sino porque no sabía de qué escribir. Que se me habían agotado las ideas-o peor- que se me había ido eso que en el flamenco se llama “duende”, y que en mi argot siempre le he llamado “inspiración”.

Y puede que así haya sido, no me inspira nada. Las cosas como son. Y no puedo escribir cuando no siento lo que escribo. Porque había pensado escribir sobre el maldito ébola, sobre las tarjetas negras, sobre el referéndum, y sobre mil cosas; y me puse a ello, pero cuando leía lo que salía, lo único que me salía eran críticas y peste por la boca. Y si algo llevo meditando muchos meses es no abrir la boca para romper el silencio, si no es para mejorarlo. En otras palabras: si no vas a aportar valor, o soluciones, mejor cállate. Nadie necesita que lo enciendan más.

Pero esa apatía escritora ha cambiado un poquillo esta tarde, porque mientras andaba entre leyes, reglamentos, papeles, emails y algo de música, mi móvil ha sonado: “joder con el puto whatsapp”, eso he dicho. Y lo he abierto:

“compadre, necesito tu consejo, tú que eres amigo y sabio. Me dejó mi novia hace unos meses porque decía que no sentía lo mismo. Y volvimos. Y me volvió a dejar, por los mismos motivos. Y yo durante semanas me he arrastrado a tope y nada. El jueves me lie con una, ya que no estaba con ella y había pasado un tiempo, y ella el sábado me escribe y me dice que enhorabuena, y que sea muy feliz, pero estaba como picadilla. Qué crees que debo hacer? Pasar no? Tú crees que volverá? Espero su respuesta amigo. Un abrazo! Jajajaj”

Bueno, a parte del jajaja del final, que no tiene sentido ninguno y ha sido muy descuadrante en toda esta confesión, (aquí es que estamos todos para que nos amarren), he de decir que quien me mando este whatsapp es un tío coherente, y un buen amigo, y muchos os sorprenderías si supieseis quién es. No es ningún loco; pero si un bohemio de los buenos. Un soñador y un auténtico personaje. Y sobre todo es de esas personas que ni os imaginarías que pudiera tener esta clase de polémicas en su cabeza porque es de los que cuando habla, dicta sentencia. Llamémosle Juan.

Total, que le he contestado: “a bueno has ido tú a preguntar” y me he quedado en blanco como diciendo, y qué le digo yo ahora a este…

La tarde ha seguido, ha llegado la hora de salir, me he dado un garbeo y de eso que empiezas a pensar, a tener frases, ideas y pensamientos, y los quieres plasmar. Joder sí, por fin.

Asique he llegado a casa, he pedido la cena, (porque no tenía ganas de fregar, ni tiempo que perder) y aquí estoy: en un lugar nuevo para escribir, con un ordenador que he tenido que pedir prestado, con un cigarrito, con la noche enfrente de mis narices, y con ganas de escribir. Sorprendente.

Y es que resulta que cuando he leído por segunda vez lo que me ha escrito mi amigo lo que he pensado ha sido: “que la mande al carajo”, pero luego he pensado mejor, he recapacitado y me he dado cuenta que esta vez sí, que esta vez sí podía escribir algo útil, útil para mí, para esa lectora que echaba de menos mis locuras, para Juan y para todos los juanes y juanas que alguna vez hemos sido. Ahí va:

HAZ LO QUE TE DE LA GANA. Así, como lo oyes. Al carajo. Lo que hagas estará bien hecho. Aunque no debas hacerlo. Y ojo, no te aseguro que lo vayas a hacer será lo que funcionará, o peor, lo que debas. Mucho ojo, pero es que como me decía una amiga hace unas horas: la vida no es un manual de Derecho. Haz lo que te dé la gana porque sólo tú sabrás qué es lo que (tienes) quieres hacer. Y quizás hoy creas que no sabes qué hacer, si hablarle, si no hablarle, si luchar por ella, si no luchar, si rendirte, o si jugar al ratón y al gato. Pero te aseguro que sí sabes lo que quieres hacer. Te lo juro. Tú sabes lo que quieres hacer. Y me da igual que me digas que ya sabes lo que quieres, pero que no sabes si debes. Que me da igual, carajo. Que eso da igual. En estos asuntos -donde no manda la razón- lo único que estará bien será lo que tú quieras, y no lo que debas.

Eh, tú, que no le preguntes a nadie. Que no recibas consejos de nadie: quien luchó y ganó te dirá que llames, y quien luchó y perdió, dirá que no llames; incluso algún camicace como quien firma te diría que adelante con las tropas mi comandante. Pero a ti eso qué más te da. Piénsalo: ¿de verdad vas a dejar la única parcela de tu vida en la que realmente eres libre, a la opinión y consejo de los demás? ¿De verdad vas a dejar escapar posiblemente a la mujer que quieres porque yo te diga que la mandes a tomar por culo? ¿O de verdad vas a dejar que alguien te convenza de que luches por alguien que no te quiere? Yo creo que no, que si quieres, o no quieres hacer algo, tú lo sabes. Aunque ahora pienses que no.

Hagas lo que hagas, piensa lo que tú quieres, sólo tú: porque si no quieres luchar, no luches, nadie te va a juzgar por ello. Y quien lo haga, no le importas una mierda, y quien te quiera entenderá lo que hayas hecho. Y no tengas miedo del qué dirán, no tengas miedo de eso, porque hagas lo que hagas siempre vendrá un listo que te dirá “te lo dije”, y a ese se sopla completamente lo que hayas hecho o no. Ese se hará su vida y cuando menos te lo esperes, ya no serás parte de la suya. Aunque eso sí, te “aconsejó” que no fueras detrás de fulanita que posiblemente ni conozca, ni tenga interés en hacerlo.

Las cosas pasan, siempre pasan, para bien o para mal, pero siempre acaban resolviéndose. Pero ¿sabes lo que nunca pasa? el remordimiento de haber querido y no haber hecho nada. Porque nadie te va a esperar siempre, ni nadie va a ser capaz de saber lo que sientes mejor que tú. Así que no seas tonto, y si quieres algo sal ahí fuera y lucha. Y si no quieres, no sé qué haces preguntándome, porque esas preguntas suenan a “apóyame” y no a preguntas. Y yo puedo apoyarte, pero es que no es mi vida, es la tuya. Así que está bien que busques ayuda, para eso estamos aquí, pero hazme un favor: haz lo que te dé la gana. No vuelvas a preguntarme, y ten siempre presente que aquí tienes un hombro cuando todo te salga mal, y un hígado a prueba de bombas cuando te salga bien.

Así que amigo, sé que soy muy pesado, pero haz lo que te dé la gana. Si no quieres, quédate en casa, relájate y quédate tranquilo porque estás haciendo lo que quieres. Pero si de verdad algo por dentro siempre te hace tenerla en la mente, si cada vez que lees algo, ves una película, lees un libro o pasas por una esquina, te viene a la mente; si está ahí dentro, amigo, tú si sabes lo que quieres, y entonces mi consejo será el de que salgas a la calle, que te busques la vida, que te levantes, te líes la manta a la cabeza, y salgas a por ella. Pero no se lo digas a nadie, no intentes convencer a nadie de lo que haces. HAZLO.

Sólo te diré para acabar que en esta vida las oportunidades las hay a puñados, pero oportunidades que merezcan la pena hay menos. Te diré que la razón no es más sabia que el corazón, y ni mucho menos la razón te va a llevar a más sitios que el corazón. Aunque donde te lleve la razón será un lugar más tranquilo, y allá tú amigo mío si te gusta la tranquilidad o prefieres agarrar una mochila y recorrer mundo. Coger y tirarte sin paracaídas. Es tu decisión, y ni es mía, ni de nadie.

Eso sí, ten por seguro que lo que escojas no tiene por qué se lo acertado. Quizás la dejes pasar, y algún día te arrepientas, o quizás luches y sea en balde, porque no todo lo que se quiere se consigue, y ten por seguro que el camino no será fácil, y que posiblemente vuelvas a casa con el rabo entre las piernas; eso si, sin más consuelo que el de haber hecho lo que has querido.

Ya sabes, la vida es corta, y va deprisa, no pierdas tiempo en mirar a quien se conforma con verla pasar: agarra un vaso, enciende un pitillo, piensa, y haz lo que te dé la gana.

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Esto se acaba!

conducir¿Cómo? ¿que esto se acaba? Joder como pasa el tiempo!

Pues sí, julio se acaba, empieza agosto y se abre el jodido paréntesis que tanto tiempo llevo esperando. Por fin nos piramos. Que ganas Dios mío. Y no es que uno no esté a gusto. Pero es que a uno, que se ha criado en zona casi costera, esto de estar metido en la urbe hasta esta fechas no le sienta demasiado bien. Ni a él, ni a sus nervios.

Se le pone fin a casi un año de lo más abusivo. Esto ha sido una locura. Y por no hablar del último mesecito, mamma mía, que locura. De hecho ando escribiendo rodeado de cajas, libros, maletas y paquetes vacíos de tabaco y todo eso que ha ido saliendo. Y es que dicen que no hay nada más estresante que una mudanza y un divorcio. Pero bueno, para eso uno es abogado.

No tengo mucho tiempo para pensar, pero ahora mismo estoy…por así decirlo, un poco excitado: dos días para las vacaciones, ni dos semanas para los 24, y otra vez, de nuevo, cambios sustanciales para septiembre.

Lo cierto es que, justo cuando va a acabar el día, y noto a mi gente de verdad ya cada día más cerca por la proximidad de mi partida, me acuerdo no sólo de ellos, sino de toda la gente que este año me ha hecho crecer como persona: de mi inseparable amigo/hermano/compañero de piso, de quien me divorcio tristemente…de mis amigos y amigas repartidos por la geografía andaluza, de mi incondicional amiga valenciana…de mis madriles…, de unos pocos amigos que voy a conservar para siempre del máster…, de mi familia…de todos. De todos y cada uno de esos que me han hecho crecer este año.

Y es que siempre he sido de decir lo que siento a las personas, y nada ni nadie me va a cambiar. Porque puedo ser muy jartible, tanto que a veces yo mismo me jarto de mí. Y sí, lo reconozco; pero me acuesto cada noche sabiendo que he hecho lo que he sentido, lo que me ha salido y lo que mejor he sabido hacer. Así que de verdad, mil gracias a todas y cada una de las personas que me habéis hecho reír, me habéis hecho aprender este año y, sobretodo, me habéis querido tal y como soy.

Las vacaciones están a la vuelta de la esquina, y esto está ya para cerrarse. Y pienso volver, y seguir escribiendo, y seguir intentando sacar tiempo de donde no existe para compartir de vez en cuando aquello que se me pasa por la cabeza. Y si me dejáis que os de un consejo, y por experiencia os lo digo, TODO, ABSOLUTAMENTE TODO, ESTÁ AL ALCANCE DE VUESTRA MANO.

Este año he conseguido cosas que jamás pensé que iba a lograr. Las he conseguido, de verdad. Y me he partido los cuernos cada día por sacarlas adelante. Me he levantado mañanas con lágrimas en los ojos, me he levantado mañanas riendo, pero me he acostado todos los días, y de verdad lo digo, absolutamente rendido. Y nada me ha quitado el sueño.

He hecho de verdad lo que me ha salido de los santos cojones, pero ojo, siempre llevando por delante tres palabras: sinceridad, honradez y determinación; y por mucho que haya hecho lo que he querido, no he dejado nunca de olvidarme de quien soy, de donde vengo y de todas las veces que me he metido una ostia por luchar por lo que quería. Pero de verdad os lo digo, el tiempo me está recompensando, y estoy seguro de que lo seguirá haciendo. Y estoy seguro de que si este año ha sido bueno, el siguiente será mejor. Pero de lo que estoy seguro no, segurísimo, es de que las ostias que vengan el año que viene serán mayores que el de este, pero simplemente porque la montaña será mas alta. Pero os juro que si de verdad queréis, conseguiréis llegar a la cima. Nuestro peor enemigo somos nosotros mismos, y los más hijos de puta con nosotros, somos nosotros. No dejéis que ningún mierda os diga que podéis o no podéis sentir. No dejéis que ningún desgraciado os diga hasta dónde podéis o no podéis llegar. No dejéis NUNCA, NUNCA, NUNCA, que nadie os ponga un límite; porque el único límite que existe en la vida, es el que tú te pones.

Rodearos de la gente excepcional, apartad a los mediocres. No confundáis la excepcional con lo material, ni la mediocridad con la inteligencia. No lloréis si no es porque merezca la pena. Ni riáis si no os apetece. Sonreid a todo el mundo. Dad los buenos días y las buenas noches. No dejéis que nadie juegue con vuestros sentimientos. Ni os creáis en el derecho de hacerlo. Ahorrad. Pero correos juergas. No digáis que queréis, si no queréis. Decid que amais, si lo sentís, y decid que os follen, si lo merecen. No votar no es pecado. Entrad en el trabajo que os ofrezcan, pero dejadlo cuanto antes si no os llena. No os estreséis en los atascos. Pero si eres ciego no conduzcas. Cantad desnudos.  Dejad que os quieran si tenéis dudas. Recordad que las mejor aventuras empiezan con un sí, aunque la mayoría de problemas vienen de decir sí, y no, demasiado tarde.  Echaos desodorante. Perdonad a quien os engañe. Pero no volváis a confiar en él. No preguntéis tanto: HACED. Haceos los tontos de vez en cuando, pero sed cabrones si es preciso. No dejéis que os digan lo que tenéis que hacer, pero no penséis que siempre sabéis lo que hacéis. Coged a vuestros padres y decidles que los queréis. Agarraos fuerte del brazo de vuestros abuelos. Luchad por lo que queréis, y rendíos por lo que no valga la pena. Recordad que sólo vuelve aquello que de verdad importa. Que el tiempo pone a todo el mundo en su lugar. Sabed que las cicatrices enseñan, pero las caricias te vuelven loco. Id por la vida dejando huella. No cicatrices. Y lo más importante: recordad que la vida es un regalo demasiado bonito y efímero como para ir por ahí haciendo el gilipollas. Levantaos cada día, sabiendo que no volveréis a tener otra oportunidad.

Ojalá tengáis un grandísimo verano. Fue un placer escribir, que me leyeran y que sigamos todos por aquí. Un abrazo enorme.

Madrid, a 30 de julio del año 2014.

E.V

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La quiero a morir

Y yo que hasta ayer sólo fui un holgazán; y hoy soy guardián de sus sueños de amor.La quiero a morir….

Podéis destruir todo aquello que veis, porque ella de un soplo lo vuelve a formar como si nada, como si nada. La quiero a morir…

Ella para las horas de cada reloj, y me ayuda a pintar transparente el color con su sonrisa. Y levanta una torre desde el cielo hasta aquí. Y me regala unas alas y me ayuda a subir y a toda prisa, a toda prisa. La quiero a morir…

Conoce bien cada guerra, cada herida, cada ser.Conoce bien cada guerra…y de la vida y del amor también.Me dibuja un paisaje y me lo hace vivir, en un bosque de lápiz se apodera de mi. La quiero a morir.

Y me atrapa en un lazo que no aprieta jamas Como un hilo de seda que no puedo soltar, no quiero soltar, no quiero soltar, no quiero soltar… Y cuando miro sus ojos me enfrento al mar, dos espejos  de agua encerrada en cristal. La quiero a morir.

Sólo puedo quererla, Solo puedo charlar, sólo puedo enredarme,sólo puedo aceptar Ser solo suyo,ser solo suyo. LA QUIERO A MORIR!!

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Jager

A propósito de un viernes

Mostrando IMG-20140501-WA0013-1-1.jpgY es el ambiente de un bar, las copas con mis amigos…  y es un vamonó payá  y esperate que te sigo  y eh la puerta de tu casa  donde yo te doy los beso  y eh, esa cara tan rara  que pone mi amigo el negro

Y eh, el humo de un cigarro  y el efecto de un pitillo  y lo bien que yo me siento  y cuando me encuentro contigo,  y que yo soy mu flamenquito  y que me gusta el cachondeo  me pongo a bailá contigo  es lo mejó del mundo entero 

Si yo suelo caminá  sobre brasah encendía  si me gusta disfrutá  por la noche y por el día  no es que sea un super man  y es que me gusta la vida  me gusta saboreá  las cosas mas pequeñitas  las cosas mas chiquititas.

Y es el ambiente de un bar  las copas con mis amigos  y es un vamonó payá  y espérate que te sigo…

Nolasco

Otro curso que se va

Dicen que sólo el coraje de luchar por algo o alguien da respeto en esta vida…

Otro curso se va. Aunque ya uno de cursos académicos empieza a hablar con nostalgia. Y es que para algunos, sigamos o no sigamos siendo estudiantes, los años se computan de septiembres a junios. Y a punto de clausurar este, no puedo olvidarme de dónde estaba justo hace un año: con una vida más estable, rodeado de quien te acunó, y borracho de las comodidades que un hogar te embriaga. A punto de alcanzar una meta, una meta que casi cinco años atrás parecía muy lejana;y que no más tarde que pronto, llegó. Y no sólo llegó, sino que pasó, y aquí estamos. Con una realidad muy distinta a aquella: habiendo abierto una nueva puerta, a punto de cerrar otra, de coger maletas; empezar una nueva maratón, y pensando en preparar alguna que otra más.

Decía un inglés, natural de Liverpool, que la vida era aquello que te pasaba mientras hacías otros planes. Y no podía llevar más razón. Y por eso decidí no pensar demasiado este año, aunque no pudo ser. Y es que parece que todo va saliendo como había medio previsto sobre un guión complejo, pero un guión bastante bueno. Y al final no todo fue el guión inicial, y parece que la vida aquí se fue adaptando a un medio guión que si soy honesto, prácticamente no diseñé, pero que poco a poco, y tras pegar carpetazo a una de las mejores etapas de mi vida, las circunstancias se fueron encargando de diseñar.

Un curso agridulce, con picos y valles; donde el pico lo disfrute como nunca y el valle lo viví como casi siempre. Un curso donde llegaron las circunstancias más ansiadas. Los sueños más inminentes, y las vivencias menos esperadas. Un curso donde hice lazos con personas de las que nunca podré deshacerme y donde por primera vez, lloré de alegría; y donde no me salió ni una sola lágrima cuando más lo necesitaba.

Quizás la obra no haya estado mal, quizás haya tenido algo de novela, de teatro, y desde luego de comedia. Quizás no, qué coño: no ha estado nada mal, y fue bastante divertida: encontré gente nueva, otras aspiraciones, otra ciudad, otro rollo. Reí como nunca, me enfadé como siempre; disfruté con mujeres asombrosas, aunque admití mi desastre para eso del amor. Me reafirme en mi locura; e hice cosas que nunca pensé que haría. Conocí, en la distancia y en la cercanía, el valor de la amistad por quien dejé atrás, y comprendí cómo de profundo puede ser el sentimiento que queda sobre tu primer amor. Conocí las piedras del camino, y supuse que no serían las primeras; pero sobretodo, di las gracias por que estuvieran ahí.

Una obra llena de sorpresas, de alegrías, de dudas y de determinación. Un curso, un máster de la vida que alguna vez tenía que llegar. El final del primer acto; el punto suspensivo para el siguiente. El punto y coma de lo que viene. La obertura de todo lo bueno que llegará. El punto y final que espera una  nueva novela. El punto y final de otro curso que se va.

Enrique.

Madrid, 25 de junio de 2014.

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Fue por casualidad

copas1Yo te invité a un café
y tu me diste a la bebida.
Tu me hiciste creer
que te sentías tranquila

Yo no te pregunte
si estabas aun por mis huesos
Tu me diste a entender
que aun te ponían los feos ..

Con naturalidad te dije no más ,
que linda que estás con ese corte de pelo.
Fue por casualidad que te agarraste a mi
por no tropezar…

Fue por casualidad que nos fuimos a dar
de nuevo el último beso .

Fue por casualidad que tu volvieras
al mismo lugar y en la misma fecha
Fue por casualidad que desde entonces
yo parara allí casi todas las noches.

 

La perfección

Mientras haya una taberna en la esquina, una frasca de vino y media docena de camaradas leales, España seguirá mereciendo la pena

La perfección no existe -o eso dicen- pero hay momentos que se le parecen mucho. La perfección de una escapada, por ejemplo,  se podría resumir en no muchas variables: grandísima compañía, idoneidad de la ubicación, algo de bebida espirituosa, y muchas ganas de cachondeo.  Y con todo eso, y algunas monedas, se disfruta de uno de los mejores fines de semana del último año.

Pero si alguna de esas variables nunca puede fallar ha de ser la inmejorable compañía: gente que anda de aquí a allí, pero que nunca se mueve de ahí. Y así debe ser, que por muchos que nos movamos, y por mucho que nos seguimos moviendo, todos sigamos estando ahí.

Y cada día me siento más orgulloso de lo que tengo, de lo que conservo y de lo que se cayó por el camino y decidí no agacharme para recoger más. Cada día me siento más agusto con mi forma de ser, con mi manera de entender la vida y de vivirla. Cada día se me llena más la boca de hablar como hablo de mi gente, de lo que me regalan, y de esa forma tan peculiar de demostrarnos todo eso que hace que os quiera y os necesite. Cada día le doy más gracias a quien tenga la culpa de tener a mi alrededor a quien tengo.

Por eso, y porque no sería quien soy hoy, les quiero dar las gracias. Las gracias por cada agujeta que traigo conmigo este domingo de resaca. Por eso, y por todo lo que significa cada una de ellas, que no es otra cosa que felicidad.

Haber compartido con esa gente un puente de Triana, una cena con vistas a la Giralda, unas cervezas por el centro, unas copitas por aquí y por allá, un bailoteo y alguna que otra cosa más que nos guardaremos, son más que suficientes para llenarme de esa droga que hace que uno tire para adelante con todo lo que venga.

Os lo habéis currado cabrones, y sí, somos grandes, pero seremos inmensos. Os quiero!!!

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Lo que pone de verdad, es jugársela

Abandonamos nuestros sueños por miedo a fracasar, o lo que es peor, por miedo a poder triunfar. -Descubriendo a Forrester

Hacía mucho tiempo que no aparecía por aquí. Quizás la falta de tiempo, o quizás, más bien, la falta de ganas.

Muchas veces me he preguntado si escribir es una cuestión de rutina , de inspiración o de disciplina. Los grandes escritores dicen que escribir es cuestión de disciplina. Es sentarse y escribir. Borrar y escribir. Tachar y escribir. Romper todo lo que has escrito, y volver a escribir. Y pensando eso fue cuando me di cuenta que nunca seré escritor ni nada que se le parezca. Aunque a veces me hubiera encantado. Pero no lo soy ni lo seré, porque no puedo ver el escribir como una obligación. Quizás por eso me guste escribir, porque sólo lo veo como un medio, como una herramienta, como un fin en si mismo. De qué. No lo sé, pero quizás sea el medio que algunos tenemos para poder expresar eso que nunca seríamos capaces de decir bajo nuestro verdadero nombre a la cara de nadie o, al menos, eso que por mucho que nos neguemos, en el fondo llevemos dentro y no sepamos cuando ni en qué momento soltarlo.

Mucha gente me ha dicho que por qué había dejado de escribir, que me querían leer y, honestamente, a veces pensé que sería incluso por pura cordialidad, pero eso sería un pensamiento demasiado prepotente para un tío que escribe cuando le apetece, a las tantas de la noche o en mitad de un metro y sin ningún reconocimiento que lo acredite. Así que entonces pensé que quizás me lo dijeran de verdad. Y que lo que escribía, a algunas personas, les podía interesar. Que quizá realmente esa gente que me lee, le gusta lo que digo, que quizás, al igual que a mi cuando leo, les podía incluso ayudar. Y entonces pensé en cuántas cosas he dejado escapar en mi vida por miedo. Miedo al fracaso o incluso peor: miedo al éxito.

No os miento si os digo que me asusté, que me asusté al ver que compartía lo que sentía, lo que me afectaba, lo que me alegraba y lo que me volvía loco. Y me asusté. Me asusté al ver el número de seguidores que tenía, las visitas que tenía y la de comentarios, buenos y malos y sobretodo, la de gente que no conocía de nada que me pedía que nunca dejara de escribir.

Sé que suena extraño, pero por un momento me di cuenta de lo que estaba haciendo, de lo que había conseguido. Y sentí miedo de tener que abandonar lo que hacía algún día porque ya nadie lo aprobase Así que decidí tomar la decisión de no compartir lo que escribía más. Decidí ser yo quien tomase esa decisión. Es como eso que dicen que siempre es mejor dejar, a que te dejen, y muy probablemente esa fue la opción cobarde que yo tomé.

Porque, a veces, en la vida sientes que cuanto más tienes, más puedes perder; y en ese momento, justo en ese momento, cuando eres consciente de lo que posees, sientes el miedo. Y se te mete en el cuerpo. Y no sólo pasa con cosas así, sino que pasa en la vida en general, en las relaciones de amistad, de pareja, y de todo tipo. La vida es una constante lucha contra el miedo. Y el miedo es eso que nos hace perder las mejores cosas que tiene la vida. El miedo nos hace esclavos de la rutina, de lo mediocre y de la tranquilidad. Y son muchas cosas las que hubiera perdido en mi vida si no hubiera vencido a ese miedo: mi trabajo, amigos, viajes, o la mejor persona con la que he compartido mi vida. Son tantas cosas las que he ganado por vencer ese miedo, como aquellas que por un par de malos golpes en la vida, he dejado de ganar por no tener la hombría de afrontar ese miedo.

El miedo es eso que te paraliza, que te hace acomodarte, que te hace no decir un te quiero por miedo a recibir un “yo no”. El miedo es eso que hace creernos fuertes por no montarnos en la montaña rusa, el miedo es eso que muchas veces se esconde tras la palabra sensatez. El miedo es la antítesis de la libertad, y la libertad no es el libertinaje, la libertad no es hacer en cada momento lo que uno quiere, es hacer lo que uno siente, y es hacerlo conforme a tu escala moral, conforme a tus principios. Y si hay que decir te quiero, para recibir un “yo no”, se hace. Porque de lo contrario, no seremos libres, simplemente estaremos seguros. Y la mayor seguridad se encuentra en las prisiones, y no en la calle. Y puede que en la calle nos atropelle un coche, o nos roben la cartera, pero creo que la calle es demasiado bonita como para no salir a caminar todos los días. Creo que la vida es un regalo demasiado caro como para decidir ir desaprovechando oportunidades. Es ese regalo por el que merece la pena escoger el camino difícil. Porque sí, porque lo que pone de verdad, es jugársela.CIMA

E.V.

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